Julieta Prandi cumple 40, luchando por sus hijos y redescubriendo el amor: “Emanuel conoció mi mejor versión, sabia y segura de mí misma”
522
post-template-default,single,single-post,postid-522,single-format-standard,bridge-core-2.4,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,footer_responsive_adv,qode-theme-ver-22.5,qode-theme-bridge,disabled_footer_top,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-6.2.0,vc_responsive

Julieta Prandi cumple 40, luchando por sus hijos y redescubriendo el amor: “Emanuel conoció mi mejor versión, sabia y segura de mí misma”

La modelo y conductora repasa los inicios de su carrera, cuenta qué aprendió tras divorciarse y denunciar por violencia familiar al padre de sus hijos –Mateo (10) y Rocco (5)– y brinda por su noviazgo con Ortega

 

Libertador e Yrigoyen, Olivos. Agosto del 2000. Como todos los días, Julieta Prandi llegó a aquella esquina para tomarse el colectivo y quedó impactada por un cartel lumínico con una tapa de GENTE que no esperaba. “Estaba yo con Susana Sadej, en hot jeans. Hacía unos días había ido a Editorial Atlántida para hacer fotos para una producción. Éramos 70 modelos y estuvimos horas en el estudio de fotografía y en la Reserva Ecológica, que está a unas cuadras. Nunca nadie me dijo que yo había quedado para ser la tapa. Casi me desmayo cuando la vi”, rememora la modelo y conductora de radio –hace Sarasa, en La 100–, en la víspera del martes 20 de abril que marca su cumpleaños número 40.

Con la frescura de siempre, pero mucho agua bajo el puente, el entusiasmo por recordar sus inicios se le nota en cada palabra. “A los quince años empecé a hacer promociones y desfiles de reina en Pinamar, pero nunca busqué ser modelo. Terminé el colegio y me anoté en el CBC porque quería estudiar algo vinculado a las letras. Me gustaba escribir. Pero después del verano del 2000 me llamaron de una de las agencias de promotoras para las que yo trabajaba para comentarme de un casting en Martínez, de la marca Rever Pass. Como soy de Zona Norte y me quedaba cerca, fui. Me eligieron y Machado y Cicala, que hoy son mis amigos, hacían las fotos. Una chomba, barro y terminé saliendo en una gigantografía en la Av. Lugones cuando todavía no tenía ni manager”, cuenta Julieta.

Y sigue: “Sin preguntarme, Gabriel Machado le mandó mis fotos a Ricardo Piñeiro, que me llamó para conocerme. Entonces me propuso hacer un book e ir a castings durante tres meses para ver cómo me iba. Yo estudiaba y nunca antes había ido a una agencia a buscar trabajo. No estaba en mis planes, pero el destino estaba marcado. Todo se dio muy rápido: una campaña tras otra –By Deep, Cacharel–, los viajes y esa inolvidable primera tapa de GENTE. Mi nombre empezó a sonar cuando yo tenía solo cinco minutos de trabajo”, apunta Julieta en clave de metáfora sobre esos primeros seis meses a todo ritmo. Entonces agrega: “El verano 2001 me fui a trabajar a Punta del Este, vivía en la casa de Ricardo e hice mi primer desfile de Roberto Giordano. No me lo olvido más. Estaba en las grandes ligas”.

—Después de la experiencia con tu ex marido, ¿qué es lo que nunca más?

—Nunca más dejo de escucharme, que otro decida por mí y que me imponga sus maneras o sus formas porque le molesta mi trabajo o porque quiere dominarme. Hoy no tolero que alguien me levante el tono de voz. Debe ser una secuela que me quedó por lo tuve que atravesar. Estoy mucho más alerta a la amenaza; mucho más atenta a la persona nociva que puede estar a nuestro alrededor. Y soy una enamorada del amor. Porque no siento que eso que viví en mi pasado fue una relación de amor. Puede entrar en otra categoría: obsesión, locura… Lo que quieras. Si yo no creyera en el amor no me hubiese dedicado a escribir poesías de chica. Y ojo que no sueño con el príncipe azul que viene a salvarnos, ni nadie que viene a completarte. Pero en estos dos últimos años de mi vida y con todo esto que me pasó, aprendí que para estar de verdad feliz con alguien y en armonía, primero tenés que estar feliz con vos misma. Yo no lo estaba.

—Algo de todo eso que tiene que ver con la autoestima…

—Claro. Yo salí de ese infierno con el amor propio destruido y la autoestima pisoteada. Tardé casi 2 años en recomponerme. Hasta que no me sentí feliz conmigo y supe que era mi menor amiga y mi mejor consejera, no pude volver a enamorarme. Porque yo soy una persona alegre y siempre estoy de bueno humor. No soy oscura, ni negativa. Voy para adelante. Pero cuando te cruzas con alguien nocivo, como me pasó a mí, de pronto te van coartando, marcando el territorio, aislándote y moldeándote.

—Y una vez reconstruida te enamoraste de Emanuel Ortega, ¿cómo dirías que te encuentra esta relación?

—Él tuvo mucha suerte de conocerme en mi mejor versión. Soy una mujer más entera, sabia, más amorosa y segura de mi misma. Estoy feliz conmigo, mis hijos, mi trabajo. Me siento exitosa. Por segundo año consecutivo hago Sarasa, por La 100, y somos los más escuchados de la tarde. Nadie me regaló nada. Todo es fruto de mi trabajo. Estoy orgullosa de mi. Me felicito. El año pasado no me hubieras escuchado decir esto. Emanuel tuvo la suerte de conocer a una mujer entera y completamente preparada para compartir la vida con alguien.

 

—¿Cómo lo encontrás vos a él?

—Con sus enseñanzas, su historia, una relación anterior larga, dos hijos… Una carrera exitosa desde muy chico. Es muy talentoso. Cantante, escritor, músico… Tiene un sentido de la estética y del arte que me hacen admirarlo como hombre y profesional. Estamos en una misma sintonía. Lo más difícil en la Tierra es coincidir con alguien; que se aliñen los planetas. Estábamos destinados a conocernos.

—¿Nunca antes se habían cruzado en ningún lado?

—Nada. No tenemos gente en común. No nos habíamos visto en ningún evento. Él cree que pudimos haber coincidido en un programa hace muchos años, pero no tenemos la certeza. Apareció cuando yo me sentí lista. Hace mejor mi vida y yo la de él. Además, ya tenemos proyectos laborales juntos… Pero por ahora no puedo contar nada.